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«La democracia en la encíclica Magnifica humanitas», ponencia de Mons. Cadiñanos, en la Escuela de Verano

«La democracia en la encíclica Magnifica humanitas», ponencia de Mons. Cadiñanos, en la Escuela de Verano

Monday, July 13, 2026
Ofrecemos la ponencia íntegra pronunciada por Mons. Fernando Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol, durante la Escuela de Verano organizada por la Conferencia Episcopal Española, la Fundación Pablo VI y la Universidad Pontificia de Salamanca dedicada a reflexionar sobre “El colapso de la democracia. La oportunidad de una geopolítica al servicio del ser humano” I. Una pregunta en un contexto En las últimas décadas, el optimismo histórico que acompañó a la expansión global de las democracias liberales y a la consolidación de los proyectos de integración supranacional ha dado paso a un profundo y generalizado malestar. La noción misma de democracia, tradicionalmente entendida como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, se encuentra hoy sujeta a tensiones epistemológicas, institucionales y materiales de una gravedad inédita. Vivimos, con afirmó en papa en el parlamento, «una profunda crisis espiritual y cultural”. Hoy se hace evidente que el descontento social ante la democracia no es un fenómeno caprichoso ni una reacción irracional de las masas frente a la complejidad de los tiempos modernos. No se trata de una crisis de las aspiraciones democráticas, sino de las formas democráticas que ha ido adquiriendo. Nos encontramos ante una anomalía estructural bien definida: una discrepancia persistente y sistemática entre la voluntad mayoritaria de la ciudadanía y las decisiones adoptadas por las instituciones que formalmente ostentan su representación. En el umbral del segundo cuarto del siglo XXI, el debate en torno a los sistemas políticos ha abandonado la crónica de los colapsos repentinos. La politología y la sociología jurídica contemporáneas coinciden en un diagnóstico unánime: las democracias ya no caen bajo el peso de golpes de Estado tradicionales; las democracias se vacían desde su propio interior. Nos enfrentamos a un proceso de desgaste progresivo, silencioso y persistente. La paradoja fundamental de nuestra era radica en que los líderes de corte autoritario o populista ya no suprimen los procesos electorales; al contrario, compiten en ellos, los ganan y, una vez instalados en las estructuras del poder público, utilizan la propia legalidad formal para erosionar los contrapesos institucionales y neutralizar la densidad republicana del sistema. Este fenómeno se refleja de manera dramática a nivel global. Se estima que aproximadamente el 74% de la población mundial habita hoy bajo regímenes autocráticos, lo que en la práctica ha borrado las ganancias de la gran ola de democratización que caracterizó los últimos decenios del siglo XX. La crisis actual, por tanto, no es una mera oscilación coyuntural en la gestión del voto, sino una mutación estructural donde la alternancia en el poder se mantiene como un rito formal desprovisto de su sustancia deliberativa y de su capacidad real para transformar las demandas ciudadanas en políticas públicas efectivas. 1.1. Los procesos que llevan a la crisis Para comprender la mecánica de esta erosión, es preciso diseccionar varios procesos o «motores» que operan de manera simultánea en el tejido de las democracias representativas: 1. La autocratización sutil: Este proceso consiste en la deconstrucción legal de los controles constitucionales. No se clausuran los parlamentos, pero se coloniza progresivamente el poder judicial situando a magistrados afines; no se impone la censura militar, pero se asfixia económicamente a los medios de comunicación independientes y se persigue o deslegitima a las organizaciones de la sociedad civil. Existe el contenedor formal de la democracia (las urnas), pero se extirpa su contenido sustancial: la información veraz y la separación de poderes. En efecto, hoy se constata que el plano institucional se expone a la degradación de los mecanismos internos que garantizan la libertad política y la separación de poderes. El núcleo más alarmante de esta crisis institucional reside en el menoscabo sistemático de la independencia judicial. Solo un aparato judicial libre e impermeable a las consignas del poder político constituye la última línea de defensa frente al autoritarismo y la salvaguarda indispensable de los derechos fundamentales. Cuando los gobiernos interfieren en el nombramiento de los altos tribunales, ejercen presiones presupuestarias o demeritan públicamente las resoluciones judiciales, el principio de separación de poderes queda herido de muerte. La ciudadanía percibe entonces que la ley ya no es un límite al poder de los gobernantes, sino un instrumento moldeable a su conveniencia, lo que dinamita la confianza básica en el sistema legal. Paralelamente a la erosión judicial, se detecta una clara tendencia al abuso del poder ejecutivo y a la colonización de los espacios institucionales neutrales. Organismos reguladores, juntas electorales y agencias públicas independientes son progresivamente capturados por lógicas partidistas. 2. La polarización afectiva y el ecosistema algorítmico: La esfera pública ha transitado de ser un espacio de confrontación de ideas programáticas a convertirse en un campo de batalla de identidades excluyentes. Este fenómeno se encuentra alimentado por la arquitectura de las plataformas digitales, cuyos algoritmos premian el conflicto y rentabilizan lo que se ha denominado «el algoritmo del hartazgo». El adversario político es despojado de su condición de interlocutor legítimo con quien se discrepa y es transformado en un «enemigo» existencial al que es necesario destruir. A esto contribuye el fenómeno de las emociones, tan presentes hoy en nuestro tiempo, donde todo se filtra desde esta clave que impide la racionalización. En este contexto, la deliberación y el consenso se hacen muy difíciles. Y es que la viabilidad de una democracia no depende exclusivamente del correcto funcionamiento de su arquitectura institucional o del diseño de sus políticas fiscales; requiere, de manera indispensable, un ecosistema epistémico sano, es decir, un espacio público donde la ciudadanía pueda deliberar, contrastar ideas y formar una opinión libre a partir de hechos y realidades compartidas. La crisis de desapego que hoy nos ocupa se nutre de forma directa del colapso de este entorno informativo. La desinformación masiva, espoleada por el uso perverso de las tecnologías digitales y las campañas de manipulación psicológica en procesos electorales, ha fracturado la esfera pública. Los ciudadanos se ven inmersos en burbujas informativas de alta intensidad emocional donde se difunden relatos falsos diseñados para sembrar la desconfianza mutua y la hostilidad hacia las instituciones. Relatos que son marcados por La entrada «La democracia en la encíclica Magnifica humanitas», ponencia de Mons. Cadiñanos, en la Escuela de Verano se publicó primero en Fundación Pablo VI.